Tengo los dientes de delante separados: qué es el diastema y cómo se cierra

Te haces una foto de cerca, sonríes, y la mirada siempre acaba en el mismo sitio: ese hueco entre los dos dientes de delante. Puede que lleve ahí toda la vida y forme parte de tu cara, o puede que hayas notado que se ha ido abriendo con los años y ahora se vea más que antes. No duele, no molesta al comer y nadie te ha dicho que «haya que» tocarlo, así que el tema se queda siempre en el mismo sitio: pendiente.

Ese espacio tiene nombre propio: diastema. Y aunque casi siempre se consulta por motivos estéticos, conviene saber una cosa antes de decidir qué hacer con él. No todos los dientes separados tienen el mismo origen, y ahí está la clave del asunto, porque el tratamiento que resuelve un caso puede ser exactamente el que no funciona en otro. En gabeldental.com, clínica dental ubicada en Móstoles a la que acuden habitualmente pacientes de localidades cercanas como Villaviciosa de Odón, es una de las dudas estéticas que más se repiten en consulta, y la respuesta nunca empieza por el tratamiento: empieza por averiguar de dónde viene ese hueco.

Qué es exactamente un diastema

Se llama diastema al espacio que queda entre dos dientes contiguos. El más conocido es el diastema interincisal, el que separa los dos incisivos superiores, pero pueden aparecer en cualquier zona de la boca: entre los incisivos de abajo, entre caninos y premolares o repartidos por toda la arcada cuando hay espacios generalizados.

Antes de hablar de cómo se cierra, hay que distinguir dos situaciones que no se parecen en nada:

  • Un diastema estable: lleva años exactamente igual, la encía está sana, no hay sangrado y los dientes no se mueven. Aquí el planteamiento es puramente estético y la decisión es tuya, sin prisa.
  • Un diastema que se está abriendo: el espacio no existía y ha aparecido, o era pequeño y ha crecido en los últimos años. En este caso lo urgente no es taparlo, sino entender por qué ese diente se está desplazando. Cerrarlo sin resolver la causa suele acabar en el mismo punto de partida.

Por eso el primer paso nunca es elegir entre ortodoncia o carillas. El primer paso es un diagnóstico.

Por qué aparecen los dientes separados

Dientes pequeños para el hueso que los sostiene

Es la causa más frecuente y la más inocente. Existe una desproporción entre el tamaño de los dientes y el tamaño del maxilar: hay más hueso que diente, y el resultado son espacios que se reparten por la arcada. También ocurre con los incisivos laterales cuando son especialmente estrechos, lo que se conoce como incisivos conoides.

Un frenillo labial superior grueso o con inserción baja

El frenillo labial es esa pequeña banda de tejido que une el labio superior con la encía. Cuando es demasiado ancho o se inserta muy abajo, entre los dos incisivos centrales, actúa como una cuña que impide que esos dientes se junten. Es una causa clásica del diastema central y tiene una particularidad importante: si no se trata, el espacio tiende a reabrirse después del tratamiento estético.

Hábitos mantenidos en el tiempo

La deglución atípica (empujar la lengua contra los incisivos al tragar), la succión del pulgar o el uso prolongado del chupete ejercen una fuerza pequeña pero constante. Y los dientes se mueven precisamente así, con fuerzas suaves y sostenidas, no con golpes puntuales. Si el hábito sigue activo, condiciona cualquier tratamiento posterior.

Faltan piezas o se ha perdido alguna

Cuando falta un diente, por agenesia (nunca llegó a formarse) o porque se perdió, los vecinos tienden a inclinarse hacia el hueco y se abren espacios en otros puntos. Es uno de los motivos por los que reponer una pieza ausente no es solo una cuestión estética, y es también donde entra en juego la implantología para sustituir dientes perdidos.

Enfermedad de las encías

Esta es la causa que más conviene descartar cuando el espacio ha aparecido en la edad adulta. Si la encía y el hueso que sujetan el diente se han deteriorado, la pieza pierde soporte, se desplaza hacia delante y aparecen huecos que antes no estaban. Suele acompañarse de sangrado, encías inflamadas o sensación de que los dientes «se mueven». Si es tu caso, lo prioritario es el tratamiento de periodoncia para frenar la enfermedad de las encías, y solo después valorar la estética. Puedes ampliar información en nuestro artículo sobre cómo distinguir la gingivitis de la periodontitis.

El diastema en niños: cuándo hay que esperar

Muchos padres llegan preocupados porque su hijo de siete u ocho años tiene un hueco evidente entre las paletas. En la dentición mixta, cuando conviven dientes de leche y definitivos, esos espacios son bastante habituales y en buena parte de los casos se cierran solos cuando erupcionan los caninos definitivos, hacia los 11 o 12 años.

Dicho esto, hay señales que sí merecen una revisión: un diastema muy amplio, un frenillo llamativo, dientes definitivos que no aparecen o un hábito de succión que sigue presente a partir de los cuatro o cinco años. Una valoración en odontopediatría permite saber si conviene esperar o si intervenir pronto simplifica el tratamiento después.

Cómo se cierra un diastema

No hay una única técnica, hay varias, y cada una responde a un origen distinto. Estas son las opciones que se manejan habitualmente.

Ortodoncia: mover los dientes hasta juntarlos

Es la opción que trabaja sobre la causa cuando el problema es de posición o de espacios repartidos por la arcada. En lugar de rellenar el hueco, se desplazan las piezas hasta su sitio, sin tocar el esmalte. Funciona tanto con ortodoncia con brackets como con alineadores transparentes, y es la vía preferente cuando además hay apiñamiento, mordida cruzada u otros desajustes que conviene corregir a la vez. A cambio, requiere más tiempo: los plazos dependen de cada caso y se concretan en el estudio previo.

Composite: reconstruir el diente para ganar anchura

Consiste en añadir resina del mismo color del diente en las caras laterales de los incisivos hasta cerrar el espacio. Se realiza en una o dos sesiones, habitualmente sin necesidad de tallar el diente, y es una opción razonable cuando el hueco es pequeño y la posición de las piezas es correcta. Su punto débil es el mantenimiento: el composite se tiñe con el tiempo (café, té, tabaco) y necesita pulidos periódicos y, con los años, alguna renovación.

Carillas: cambiar forma y proporción

Cuando además del espacio hay que corregir el color, la forma o pequeñas asimetrías, se valoran las carillas dentales o, en casos que lo permiten, las microcarillas de cerámica, más finas y con un desgaste del esmalte menor. Son la vía habitual en incisivos laterales estrechos, donde se busca recuperar la proporción entre los dientes y no solo tapar el hueco.

Cirugía del frenillo

Si el frenillo labial es el responsable, se plantea una frenectomía, una intervención de cirugía menor que retira o reposiciona ese tejido. Casi siempre se combina con ortodoncia y el orden importa: la secuencia la decide el odontólogo según cada caso, porque no siempre conviene operar antes de mover los dientes.

Entonces, ¿qué me conviene a mí?

Esa pregunta no se responde mirando una foto. Cualquiera de estos tratamientos parte de una valoración odontológica previa e individualizada, en la que se revisa el estado de las encías, se mide el espacio real, se comprueba cómo encajan los dientes al morder y se hacen las radiografías necesarias para descartar piezas ausentes o pérdida de hueso. Los resultados varían según cada paciente, y por eso el plan se define en consulta y no antes.

Como orientación general: si el hueco es pequeño, la mordida es correcta y la encía está sana, las opciones restauradoras suelen resolverlo en poco tiempo. Si los dientes están desplazados, hay espacios en varias zonas o falta alguna pieza, mover primero y restaurar después da un resultado más estable y suele exigir menos desgaste del diente. Y si hay enfermedad periodontal de por medio, se trata eso antes que cualquier otra cosa. Todas estas alternativas se encuadran dentro de la estética dental, pero ninguna se plantea de espaldas a la salud de la boca.

Una vez cerrado, ¿se puede volver a abrir?

Puede pasar, y conviene saberlo desde el principio. Los dientes tienen memoria: el hueso y la encía necesitan tiempo para asumir la posición nueva, y mientras tanto tienden a volver hacia donde estaban. Por eso, cuando el diastema se cierra con ortodoncia, la fase de retención no es un extra opcional sino parte del tratamiento. Lo explicamos con detalle en el artículo sobre los retenedores después de la ortodoncia.

A esto se suman dos factores que conviene controlar: un hábito de empuje lingual que siga activo y un frenillo que no se haya tratado cuando era la causa. Si alguno de los dos sigue ahí, el espacio tiende a reaparecer con el tiempo, por muy bien que haya quedado el resultado inicial.

En resumen

Tener los dientes de delante separados no es una enfermedad, y hay quien decide conservar su diastema porque forma parte de su sonrisa. La decisión es personal y es igual de válida. Lo que sí merece una revisión, y sin dejarlo pasar, es un hueco que antes no estaba o que se está haciendo más grande: ahí no hablamos de estética, hablamos de encías, de hueso y de piezas que se están moviendo.

Si llevas tiempo dándole vueltas a ese espacio, lo razonable es empezar por saber de dónde viene. En Gabel Dental estudiamos tu caso, te explicamos qué opciones son viables en tu boca y qué implica cada una en tiempo, mantenimiento y cuidados posteriores, para que decidas con la información delante. Pide tu cita de valoración y lo vemos con calma.

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