Te pusieron el implante hace cinco o seis años, te acostumbraste a él hasta el punto de olvidar cuál era, y de repente algo cambia. La encía de esa zona sangra un poco al cepillarte, está algo más roja e hinchada que el resto, quizá notas un sabor raro o un aliento distinto por las mañanas. No duele, así que lo dejas pasar. Al fin y al cabo, si un implante no puede tener caries, ¿qué le va a pasar?
Esa es exactamente la idea que más implantes ha hecho perder. El titanio no se caria, cierto, pero el implante no flota en el aire: vive rodeado de encía y sujeto por hueso, y ese hueso sí puede enfermar. Cuando lo hace, hablamos de periimplantitis, la causa número uno de fracaso de un implante que llevaba años funcionando perfectamente. Y tiene una característica incómoda: casi nunca duele hasta que ya ha avanzado bastante.
En gabeldental.com, clínica ubicada en Móstoles y a la que acuden habitualmente pacientes de localidades cercanas como Villaviciosa de Odón, revisamos implantes colocados aquí y también implantes puestos en otras clínicas hace años. En este artículo te contamos cómo reconocer las primeras señales, qué se puede hacer en cada fase y qué cuidados marcan la diferencia entre un implante que dura veinte años y uno que se pierde en ocho.
Qué es la periimplantitis y en qué se diferencia de la mucositis
Alrededor de un implante pueden ocurrir dos cosas distintas, y confundirlas es lo que hace que muchos pacientes lleguen tarde a la consulta.
Mucositis periimplantaria: el aviso que sí tiene marcha atrás
Es la fase inicial. La placa bacteriana se acumula donde el implante se encuentra con la encía, y esa encía se inflama: se pone roja, se hincha ligeramente y sangra cuando pasas el cepillo o la seda. El detalle clave es que el hueso todavía está intacto. Funciona igual que una gingivitis alrededor de un diente natural, y como ella, es reversible. Con una limpieza profesional y un cambio en la rutina de higiene, el tejido vuelve a la normalidad en pocas semanas.
Periimplantitis: cuando el hueso empieza a irse
Si esa inflamación se mantiene meses, la infección progresa hacia abajo y comienza a destruir el hueso que sujeta el implante. Ahí ya hablamos de periimplantitis. Se forma una bolsa alrededor del implante, aparece supuración en algunos casos y, en radiografía, se ve cómo el nivel óseo ha bajado. El problema es que el hueso perdido no se regenera solo: se puede frenar el proceso y a veces regenerar parte, pero no se vuelve al punto de partida. Por eso el objetivo siempre es cazarla en la fase anterior.
La dinámica es muy parecida a la de las enfermedades de las encías en dientes naturales, un terreno que tratamos a diario en nuestro servicio de periodoncia y tratamiento de encías. De hecho, quien ha tenido periodontitis antes tiene bastantes más papeletas de desarrollar periimplantitis después.
Señales de alarma: cuándo pedir una revisión
Un implante sano no sangra, no huele y no se mueve. Cualquiera de estas señales merece una valoración sin esperar a la revisión anual:
- Sangrado al cepillar en la zona del implante, aunque sea leve y ocasional.
- Encía roja, hinchada o sensible alrededor de la corona, cuando el resto de la boca está bien.
- Mal sabor o mal olor localizado en ese punto concreto.
- La corona parece más larga o se ve una zona metálica que antes no se veía: la encía se ha retraído.
- Restos de comida que se acumulan siempre en el mismo sitio, señal de que se ha creado un espacio nuevo.
- Sensación de movilidad. Esta es la más tardía y la más grave: un implante no debe moverse nunca.
Ojo con un matiz importante: al no haber nervio dentro del implante, no vas a sentir el dolor que te avisaría en un diente natural. La ausencia de molestias no significa que todo esté bien. Si notas mal olor persistente conviene descartar también otras causas, algo que explicamos en nuestro artículo sobre el mal aliento persistente y sus tratamientos.
Por qué aparece: los factores que más pesan
La periimplantitis no es mala suerte. Casi siempre hay una combinación de factores identificables:
- Higiene insuficiente alrededor del implante. La zona donde la corona se une a la encía necesita limpieza específica, no basta con pasar el cepillo por encima.
- Tabaco. Es, con diferencia, el factor de riesgo modificable más potente. Reduce el riego sanguíneo de la encía y multiplica las probabilidades de fracaso.
- Antecedentes de periodontitis no controlada antes de colocar los implantes.
- Diabetes mal compensada u otras enfermedades que alteran la respuesta inflamatoria.
- Bruxismo o sobrecarga masticatoria, que somete al implante a fuerzas para las que no fue planificado.
- Falta de revisiones. Un implante sin control periódico es un implante a ciegas.
- Restos de cemento bajo la encía tras colocar la corona, un clásico que genera inflamación crónica y que hoy se evita con coronas atornilladas cuando el caso lo permite.
Cómo se trata la periimplantitis
El tratamiento depende por completo de en qué fase se detecte, y por eso la primera cita siempre incluye sondaje alrededor del implante y radiografía para medir el hueso disponible.
Fase inicial: descontaminación y control
Cuando solo hay inflamación de la encía, o una pérdida ósea mínima, se hace una limpieza profesional específica del implante con instrumental que no raya la superficie del titanio, se retira la corona si es necesario para acceder bien y se reeduca la técnica de higiene en esa zona. En muchos casos se combina con un abordaje similar al de una limpieza dental profunda en el resto de la boca, porque las bacterias responsables suelen estar también en los dientes vecinos.
Fase avanzada: cirugía y regeneración
Si ya hay una bolsa profunda y pérdida ósea significativa, hace falta acceso quirúrgico: se levanta la encía, se descontamina la superficie del implante y, según la forma del defecto, se puede intentar regenerar hueso con biomateriales y membranas. No todos los defectos son regenerables, y ser honesto con eso forma parte del diagnóstico.
Cuando ya no se puede salvar
Si el implante ha perdido la mayor parte de su soporte, retirarlo es la mejor decisión. Se explanta, se deja cicatrizar, se regenera el hueso si hace falta y se planifica de nuevo. Es un paso atrás, pero mucho menos costoso que mantener una infección activa que va destruyendo hueso que después harás falta para el implante nuevo. Puedes ver qué incluye ese proceso y de qué depende el presupuesto en nuestro artículo sobre cuánto cuesta un implante dental.
Cuidados de los implantes dentales en el día a día
La buena noticia es que la prevención aquí funciona muy bien, y no exige nada heroico:
- Cepillado dos veces al día incidiendo en el margen de la encía, con cepillo suave o eléctrico.
- Limpieza interdental diaria: cepillos interproximales del tamaño adecuado, seda específica para implantes o irrigador. Este punto es el que más resultados da y el que más gente se salta.
- Revisión y mantenimiento profesional cada seis o doce meses según tu riesgo, con sondaje y radiografía de control. No es la misma limpieza que la de siempre: es un protocolo específico para implantes.
- Dejar el tabaco. Ningún otro cambio tiene tanto impacto sobre la supervivencia del implante.
- Férula de descarga si aprietas o rechinas por la noche.
- Controlar la diabetes y comentar en consulta cualquier medicación nueva.
Sociedades científicas como la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) insisten en el mismo mensaje: un implante necesita mantenimiento de por vida, exactamente igual que un diente natural.
Un implante bien cuidado dura décadas
La conclusión práctica es sencilla. Los implantes tienen tasas de éxito muy altas, y cuando fallan a largo plazo casi nunca es por el implante en sí, sino por lo que ocurre en la encía y el hueso que lo rodean. Detectar un sangrado a tiempo es la diferencia entre una limpieza profesional de una sesión y una cirugía de regeneración ósea.
Si llevas implantes puestos hace años y no recuerdas cuándo fue tu última revisión, o si has notado alguna de las señales de este artículo, no esperes a que duela, porque probablemente no lo haga. En Gabel Dental valoramos el estado de tus implantes con sondaje y radiografía, te decimos con claridad en qué punto estás y planificamos el mantenimiento que necesitas. También te asesoramos si estás planteándote un tratamiento nuevo de implantología dental. Pide tu cita de valoración y cuidemos juntos lo que ya has invertido en tu sonrisa.





